Aceptación: cuando nada más se puede hacer | Salud L-Mental | Salud L-Mental
Habilidades y herramientas
· 11 min de lectura
Aceptación: cuando nada más se puede hacer
Cuando no podemos cambiar las circunstancias ni controlar lo que nos pasa, nos queda la aceptación. Descubre qué es la aceptación, en qué se diferencia de la resignación y cómo practicarla con la técnica RAIN para reducir el sufrimiento innecesario.
No puedo aceptar que mi madre no me quiera, no soporto verlo vestido de esa manera, no le pega nada, no me puedo creer que me hayan echado del trabajo, no me puedo creer que haya tenido un accidente, no me gustan mis piernas, son cortas y gorditas, no entiendo por qué a esta edad aún no tengo pareja e hijos...
Cuando no podemos manejar las circunstancias, cuando no podemos cambiar los acontecimientos, cuando no tenemos el control sobre lo que nos pasa, nos preguntamos: ¿y ahora qué? ¿Qué hago ahora?
Cuando no hay nada que podamos hacer, nos queda la aceptación; aceptar lo que nos pasa, aceptar lo que somos. La aceptación es una poderosa herramienta que todos deberíamos conocer pero que de hecho pocos conocen. Aceptar es un proceso, no viene de la nada.
"Lo curioso es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar." (Carl Rogers)
Cuando tiras y tiras, explota
La metáfora del dedo atrapado en el engranaje ilustra cómo a veces nos empeñamos en tirar y tirar sin obtener resultado. Sin embargo, la solución es dejar de tirar y buscar una salida mejor. Esto es la aceptación, que no es lo mismo que la resignación.
¿Qué es la aceptación?
La aceptación es la capacidad de acoger la realidad tal como nos viene, tal como es, sin tratar de negarla, evitarla o pelear con ella. No significa resignarse ni tampoco aprobar lo que sucede, sino ver las cosas con claridad y sin juicios, incluso cuando dichas circunstancias son dolorosas.
Para llegar a la aceptación de aquello que no nos gusta y que no podemos cambiar, tenemos que trabajar. Hay un proceso detrás de aceptar la pérdida de un ser querido, la pérdida de un trabajo, de aceptarme a mí tal y como soy. Aprender a aceptar requiere entrenamiento, pero se puede conseguir y es maravilloso cuando lo logramos porque vivimos más serenos.
Aceptación vs. Resignación
Lo primero que hay que distinguir es que aceptación no es lo mismo que resignación:
Resignarse es rendirse, darse por vencido, dejarse derrotar por las circunstancias. No hacer nada.
Aceptar no es rendirse, no es darse por vencido y tampoco paralizarse, no hacer nada por avanzar. Aceptar es abrirse a lo que nos sucede, aunque no nos guste y nos duela. Es admitir que eso que nos molesta está ahí, presente.
Por ejemplo, si siento que mi madre no me quiere, que siempre ha sido una persona fría conmigo, y sé que nunca va a cambiar, aceptar sería reconocer que me siento triste, que quizá también siento envidia de la relación que mi amiga tiene con su madre. Es abrirme a esas emociones que no me gustan, pero que están ahí y son válidas. Por su parte resignarse sería pensar que siempre voy a sufrir por el amor de mi madre, que siempre me voy a sentir sola y que nunca voy a ser feliz por su culpa.
Los puntos clave de la aceptación
La aceptación tiene una serie de puntos clave:
Es un proceso, no un click mental. No se trata de "lograr" aceptar de una vez y por todas, sino de ir soltando poco a poco la resistencia hacia aquello que no podemos cambiar.
No es resignación, no es pasividad, no es dejarse hacer. Implica ver las cosas tal como son para luego poder decidir qué hacer desde una visión más realista.
Reduce el sufrimiento innecesario. El dolor es parte de la vida y nos avisa de que algo no anda bien. El sufrimiento es un innecesario dolor añadido, muchas veces surge por nuestra lucha contra lo que no queremos que sea. Aceptar no elimina el dolor, pero sí puede reducir el sufrimiento.
La aceptación es clave en algunas terapias como:
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), en la que se trabaja la aceptación como una forma de dejar de pelear con los pensamientos y emociones propios.
La técnica del mindfulness, la cual incide mucho en la aceptación de las experiencias internas, en vivirlas sin juzgarlas, en dejarlas estar.
La aceptación también mejora la autoestima. Cuando aprendemos a aceptar nuestras emociones, errores, límites y también nuestras cualidades, desarrollamos una relación más amable con nosotros mismos. Este respeto que nos regalamos nos hace sentir importantes y aceptados por nosotros mismos, lo cual es esencial para la autoestima.
Dos tipos de aceptación
Hasta ahora hemos hablado de la aceptación en general pero podemos dividirla en dos tipos:
La aceptación de uno mismo: si me acepto yo, si me valoro tal y como soy.
La aceptación de las circunstancias: si las recibo tal cual me vienen aunque no me gusten, si no las niego ni las enfrento.
Me acepto
La aceptación de uno mismo (o autoaceptación) se refiere a reconocerse tal como uno es, con sus fortalezas, debilidades, emociones, pensamientos, historia y errores. Es una forma de dejar de pelear con uno mismo, de soltar el juicio constante y aprender a tratarnos con compasión.
Implica:
Aceptar tus pensamientos y emociones (miedo, envidia, tristeza, rabia, etc.).
Aceptar tu cuerpo.
Aceptar tu historia, tus elecciones pasadas, tus malas decisiones.
Aceptar que no eres perfecto (nadie lo es).
No implica:
Conformarse con lo que no te gusta.
Dejar de crecer o mejorar.
La autoaceptación es la base necesaria para el cambio real. La autoaceptación no es creerse perfecto, sino quererse incondicionalmente.
Acepto lo que me sucede
En cuanto a la aceptación de las circunstancias (aceptación externa o situacional), nos referimos a reconocer que ciertas situaciones, hechos o personas son como son, sin intentar controlarlas o cambiarlas cuando no está en nuestras manos.
Por ejemplo, el caso de la joven que desearía que su madre la quisiera y la tratara como ella cree que merece. Aceptar esto implica acoger el hecho de que probablemente la madre nunca cambie y nunca le dé ese amor tan deseado, pero no implica estar de acuerdo con su forma de tratarla, ni tampoco renunciar a recibir de otra manera el amor que cree que merece.
Se trata más bien de soltar la resistencia mental y emocional que te mantiene atascado, para poder responder con mayor claridad y menos sufrimiento.
Cómo hago para aceptar
¿Cómo aprendo a aceptar? ¿Cómo hago para incorporar la aceptación en mi cajita de herramientas psicológicas?
Se propone la técnica RAIN, término acuñado originalmente por la maestra de meditación Vipassana Michele McDonald y posteriormente adaptado y popularizado por la psicóloga y maestra de meditación Tara Brach.
Dicha técnica es una práctica de mindfulness (atención plena) desarrollada para aprender a manejar emociones difíciles.
RAIN
Vamos a ver qué significa cada una de las letras que compone la palabra RAIN:
R — Reconocer (Recognize): reconoce lo que está sucediendo en tu interior, a lo que te estás resistiendo, lo que estás sintiendo (qué emoción es, qué pensamiento la provoca y qué sensación física conlleva). Por ejemplo: "ahora mismo estoy sintiendo ansiedad", "hay tristeza en mí".
A — Aprobar o validar (Allow): permite que la experiencia esté ahí, sin resistirte. No trates de cambiarla o evitarla. Di internamente algo como: "está bien sentir esto en este momento y es temporal, así que lo dejaré estar".
I — Investigar (Investigate): explora con una curiosidad amable, sin enfados con uno mismo: ¿dónde sientes el malestar en el cuerpo? ¿Qué pensamientos lo acompañan? ¿Qué necesita esta emoción que estoy sintiendo? No se trata de analizar, sino de contactar con la experiencia.
N — Nutrir o tener autocompasión (Nurture): bríndate compasión. Escucha tu diálogo interior y cambia las autocríticas no constructivas por palabras más amables; imagina que le hablas a un amigo en lugar de a ti mismo. Así mismo, recuérdate que no estás solo en tu sufrimiento.
Practicando la técnica RAIN
Para poner en práctica esta técnica, vamos a hacernos una serie de preguntas que nos ayuden a reflexionar y a dialogar con nosotros mismos:
Paso 1 – Reconocer lo que estás sintiendo y resistiendo:
¿Qué siento? ¿Dónde lo siento en mi cuerpo? ¿Qué pensamientos se repiten en mi mente?
¿Estoy tratando de no sentir algo? ¿Qué me digo a mí mismo por estar sintiendo lo que estoy sintiendo? ¿Cómo se llama esta emoción? ¿Qué me quiere decir esta emoción?
Te pongo un ejemplo: la joven que siente que su madre no la quiere (al menos no como ella desearía), se sienta en un lugar tranquilo y se toma un momento para concentrarse en lo que está sintiendo. Entonces determina que tiene una presión en el pecho, que está frustrada, tiene ira y también tristeza. Piensa que es injusto, que se supone que una madre tiene que ser amorosa. Por qué le pasa esto a ella y no a su hermana.
Finalmente se pregunta a qué se está resistiendo, por qué no quiere aceptar que su madre no la quiera, y llega a la conclusión de que aceptar ese hecho es como reconocer que ella es el error, que ella es el problema. Se está resistiendo al pensamiento de no ser suficiente.
Paso 2 – Valida tus emociones:
Una vez que has puesto "sobre la mesa" lo que sientes, toca validarlo, es decir, ni negarlo ni pelear contra ello.
En nuestro ejemplo anterior sonaría algo así como: "siento que mi madre no me quiere como necesito, siento que es por mi culpa porque yo no valgo lo suficiente". Validar aquí es dar lugar a esos sentimientos. No es afirmar que, ciertamente, mi madre no me quiera o que yo no valga nada, sino que yo me siento así ahora y es legítimo sentir lo que siento, no es tonto, no es absurdo, no es ridículo, es simplemente lo que yo siento y merece ser escuchado y tenido en cuenta. Así que, voy a permitir a mis emociones que se queden aquí conmigo un rato.
Paso 3 – Investiga por qué te sientes como te sientes:
Ahora toca investigar por qué me siento así, qué me quiere decir mi cuerpo a través de las emociones sentidas, nuevamente, dónde las siento físicamente, etc. ¿Qué necesita esa parte de mí que está herida? ¿Qué me pide este malestar que haga? Hay que hacerse preguntas acerca de las respuestas que nos vayamos dando, esto es lo que se llama hacer una "cadena de preguntas".
En nuestro ejemplo, la joven siente su malestar en el pecho, como si tuviera roto el corazón. Por qué siento ese dolor en el pecho... Porque mi madre no me quiere... Por qué no me quiere... Porque no soy suficiente... Y qué pasa si no soy suficiente... Que nadie me va a querer... ¿Qué vemos aquí? Nuevamente un miedo a la soledad y a la no pertenencia al grupo. Algo completamente normal pero debatible.
Paso 4 – Date lo que necesitas:
El último paso para la aceptación sería darse la compasión que necesitas, es decir, ¿qué palabras o qué gestos serían nutritivos para mí ahora? ¿Qué necesitaba de niña que mi madre no me dio? ¿Qué me hubiera gustado escuchar de ella entonces? Quizá "un 7.5 en el examen está genial, te vi trabajar muy duro" en lugar del "un 7.5, tú puedes más". ¿Qué me puedo decir yo hoy que compense? Quizá un "soy perfectamente suficiente", "mis resultados no me determinan como persona", "lamento haber tenido que pasar por esto, nadie debería tener que pasar por una situación de abandono"... Puedes incluso darte un abrazo a ti misma o regalarte una cena especial, un baño, lo que te apetezca. Los gestos hacia uno mismo son también muy importantes. No los infravalores.
Conclusión
Recuerda que aprender a aceptar no sucede de la noche a la mañana, es un proceso que con la práctica seremos capaces de activar con soltura y de forma automática, sin la necesidad de tener que rellenar registros en una libreta.
Detrás de la no aceptación hay una necesidad de control excesiva, es decir, cuando no aceptamos estamos negándonos a soltar el control. Hay que aprender a soltar, a reconocer que en esta vida, muchas cosas se escapan de nuestro control pero, ¿sabes una cosa?, el control no es tan necesario porque el ser humano, además de ser resiliente, tiene una gran creatividad y una increíble cantidad de herramientas que le ayudan a superar casi cualquier obstáculo. Ánimo, estoy contigo.
Lucía Ortiz, tu psicóloga en Berlín / Brandemburgo y online.